Los corpúsculos de Krause, identificados hace más de 160 años pero hasta ahora poco estudiados, podrían ser los mediadores táctiles del placer sexual. Así lo demuestra un amplio estudio publicado en Nature a mediados de junio que revela el papel de estas estructuras nerviosas en las sensaciones y el comportamiento sexuales.
En la década de 1850, el anatomista alemán Wilhelm Krause identificó corpúsculos sensoriales situados en los labios, los párpados, pero sobre todo en la piel del pene y el clítoris. Observó que algunos de ellos presentaban una forma globular y numerosos axones enrollados en forma de ovillo alrededor de las células de Schwann (corpúsculos de Krause complejos), mientras que otros eran cilíndricos y estaban formados únicamente por uno o dos axones lineales (corpúsculos de Krause simples).
A pesar de la detallada descripción anatómica, la curiosidad por los corpúsculos de Krause decayó y siguieron siendo mucho menos conocidos que otros corpúsculos similares que median en las sensaciones táctiles, como los corpúsculos de Meissner, Pacini o Merkel. Así pues, la función de estos corpúsculos permaneció en la oscuridad durante más de siglo y medio.
David D. Ginty y sus compañeros del Departamento de Neurobiología de la Facultad de Medicina de Harvard en Boston (Estados Unidos) han desentrañado ahora la función de estas estructuras con una notable serie de experimentos. En primer lugar, han cartografiado la distribución y densidad de los corpúsculos de Krause en los genitales de ratones machos y hembras. Estos se concentran en el clítoris y el pene (en particular en el glande y el prepucio) en cantidades más o menos similares. A pesar del menor tamaño del clítoris, este muestra una densidad de corpúsculos 15 veces mayor que la del pene (1.500 corpúsculos por milímetro cuadrado, frente a los aproximadamente 100 del pene), una concentración tres veces mayor que la de los corpúsculos de Meissner en las yemas de los dedos. Por el contrario, están ausentes en la vagina.
Los investigadores también descubrieron que los corpúsculos de Krause del ratón son muy similares a los humanos y parecen estar formados por dos subtipos diferentes de neuronas. Estas aferen a la médula espinal lumbosacra a nivel de la comisura gris dorsal, en una zona distinta de otras neuronas cutáneas y próxima al centro nervioso que, en los machos, controla el reflejo de eyaculación.
¿Qué estimula estos orgánulos? Al parecer, son las vibraciones: en concreto, según los experimentos descritos en el estudio, los corpúsculos de Krause reaccionan a vibraciones sutiles en una gama de frecuencias centrada entre 40 y 80 hercios. Se trata del mismo tipo de vibración generada por la fricción de la piel durante las relaciones sexuales. Y de nuevo: la activación de los corpúsculos de Krause induce respuestas sexuales en ratones, como la erección del pene o la contracción de la vagina. Para confirmar definitivamente que estos corpúsculos son los mediadores de la respuesta sexual, los investigadores crearon ratones modificados genéticamente en los que las neuronas de los corpúsculos de Krause son sensibles a la luz. Cuando los genitales de estos ratones se iluminan con luz, activando las neuronas de los corpúsculos, la respuesta fisiológica es idéntica a la obtenida estimulando mecánicamente a los ratones.
Curiosamente, señalan los autores, las vibraciones a las que responden más intensamente los corpúsculos de Krause son muy similares a las inducidas por los juguetes sexuales comerciales, lo que sugiere que la industria del placer ya había comprendido, sin saberlo, cuál era la mejor manera de estimular los corpúsculos de Krause de sus clientes.
La última etapa de la investigación consistió en averiguar si los corpúsculos de Krause desempeñan un papel en el comportamiento reproductivo. Para ello, los investigadores generaron ratones modificados genéticamente en los que no se desarrollan corpúsculos. Los ratones sin corpúsculos mostraron dificultades para aparearse. Aunque mostraban signos normales de atracción sexual y capacidades similares a las de los ratones normales para iniciar el apareamiento, los machos sin corpúsculos tenían dificultades para completar el coito. A su vez, las hembras sin corpúsculos se comportaban con normalidad si eran vírgenes, mientras que se mostraban menos receptivas si se habían apareado previamente, algo así como si se dieran cuenta de que no obtenían mucho interés de dicha actividad.
Los datos no prueban que los corpúsculos de Krause sean los únicos responsables de las sensaciones táctiles asociadas al placer sexual, pero sí demuestran su importancia. Queda por comprender, además de su papel en el ser humano, cómo se interpretan en el cerebro las señales transmitidas por estos corpúsculos para contribuir al comportamiento y la experiencia sexuales, qué condiciones pueden alterar su sensibilidad y las diferentes funciones de los distintos subtipos de corpúsculos de Krause. Comprender la fisiología de estos y otros receptores también podría ayudar a entender mejor las diferencias entre la experiencia sexual masculina y femenina.
Los hallazgos no solo despiertan nuestra curiosidad, sino que también arrojan luz sobre un área de investigación poco clara y poco financiada. Nos parece desconcertante que la multimillonaria industria del placer sexual opere con relativamente pocos conocimientos científicos y se sienta incómoda hablando de ello públicamente. A medida que los investigadores descifran en profundidad los mecanismos del placer sexual, están elevando el discurso sobre la intimidad humana para que podamos hablar de sexualidad humana con la misma tranquilidad con la que hablamos de cualquier otro tema de salud.

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