Algunas de ellas han anunciado recientemente que se plantean desarrollar en un futuro Sistemas quirúrgicos que puedan hipotéticamente igualar o mejorar el rendimiento que, desde hace 15 años, aporta el robot da Vinci en los quirófanos de todo el mundo. Pero, más allá de declaraciones de intenciones, lo que tienen en común todos estos proyectos es la aceptación tácita de que la cirugía robótica es el sistema quirúrgico más eficaz y eficiente del mundo.
Todos los expertos en la materia coinciden en señalar la robótica en general como un ámbito empresarial de referencia en el futuro inmediato. Pero si focalizamos en el Sector de la Salud, la realidad es que únicamente existe un robot en el mundo, el da Vinci, capaz de aportar beneficios tangibles para el paciente de cáncer en las 7 especialidades quirúrgicas para las que está indicado: urología, ginecología, cirugía general, oral y maxilofacial, pediátrica, torácica y cardiaca. El también denominado ‘Robot’ da Vinci es una sofisticada plataforma quirúrgica única en el mundo diseñada y fabricada por la empresa norteamericana Intuitive Surgical para potenciar las capacidades y habilidades del cirujano en procedimientos de cirugía compleja mayor.
Para poder usar el robot da Vinci se deben realizar en el quirófano pequeñas incisiones en la anatomía del paciente que permitan introducir instrumentos en miniatura de amplio rango de movimiento exclusivos del robot y una cámara. Una vez completado este procedimiento –que culmina con el acceso a la zona que se debe intervenir-, el cirujano opera sentado en la Consola del da Vinci visualizando una imagen 3D en Alta Definición del campo quirúrgico, en el interior del cuerpo del enfermo. De esta forma, el clínico cuenta con una visión superior -alineada entre la zona anatómica afectada y el instrumental-, una posición única desde la que se puede operar de forma intuitiva y precisa.
Contrariamente a la laparoscopia tradicional, en la que el cirujano debe operar de pie, en la cirugía da Vinci el clínico realiza la intervención cómodamente sentado desde una Consola ergonómica, circunstancia que disminuye su grado de fatiga durante las, habitualmente, largas operaciones. Este factor redunda no únicamente en una mejora de las condiciones de trabajo y calidad de vida del médico, sino también en una disminución del riesgo de errores durante la intervención.
El robot da Vinci cuenta con pequeños instrumentos quirúrgicos articulados únicos en el mundo que reproducen ‘a escala’ las acciones de las manos del cirujano, convirtiéndolas en precisos micromovimientos. A medida que el médico manipula los controles, el robot da Vinci responde a sus órdenes en tiempo real y reproduce las acciones de su mano, muñeca y dedos, corrigiendo, además, posibles temblores. Desde su aparición en el mercado, el robot da Vinci ha sido empleado con éxito en miles de procedimientos quirúrgicos y su eficacia ha sido documentada en cientos de publicaciones médicas que avalan este sistema como el más avanzado de todo el mundo.
Existen en la actualidad cuatro versiones del Sistema Quirúrgico da Vinci. La llamada ‘Estándar’ -que se dejó de vender en el 2007-, la ‘S’ -cuya comercialización se inició en el 2006-, la ‘Si’ -que se presentó en 2011’-, y el modelo ‘Xi’, que se lanzó en Estados Unidos en abril de 2014. De las 25 unidades da Vinci que se encuentran operativas actualmente en España, únicamente tres de ellas son de la generación ‘Xi’ y se encuentran en el Hospital Clínic de Barcelona, el Hospital San Rafael de La Coruña y el Hospital de Sanchinarro de Madrid.
En relación a sus predecesores, el da Vinci ‘Xi’ está especialmente indicado en procedimientos de Cirugía General y Ginecología gracias a la serie de innovaciones que incorpora. La más relevante de ellas es la nueva arquitectura de los brazos quirúrgicos, gracias a la cual se le facilita al cirujano el acceso anatómico prácticamente desde cualquier posición. También cuenta con el Sistema de Fluorescencia ‘Firefly’, una tecnología que permite al cirujano contar con una visualización en tiempo real de la vascularización de las áreas anatómicas críticas del paciente. Esta información visual es fundamental en la toma de decisiones clínicas durante el procedimiento quirúrgico.
A parte de la curación de la enfermedad, las dos cuestiones que más preocupan a los pacientes de cáncer de próstata son el mantenimiento de la potencia sexual y la continencia urinaria tras la intervención. El robot da Vinci aporta al cirujano un mayor grado de precisión a la hora de realizar la prostatectomía, lo que permite conservar con mayor facilidad los nervios responsables de la erección y el control del flujo urinario.
Varios estudios concluyen que la recuperación precoz de la continencia es muchísimo mayor en los pacientes a los que se les ha practicado una prostatectomía radical robótica. Por otro lado, si nos referimos al mantenimiento de la erección, a pesar de que se puede dar esta circunstancia, de forma excepcional, en pacientes sometidos a laparoscopia tradicional, la realidad es que es mucho más frecuente en enfermos operados por cirugía robótica da Vinci.
De forma paralela, el robot da Vinci aporta en todas las especialidades quirúrgicas para las que está indicado una serie de importantes ventajas para el paciente. Las más importantes de ellas son un menor riesgo de sufrir complicaciones durante la intervención, una menor pérdida de sangre y menos transfusiones, una hospitalización más corta, una menor tasa de readmisiones y reintervenciones o un regreso más rápido a las actividades cotidianas, así como también tener menos cicatrices y sufrir menos dolor.
Desde el punto de vista de la eficiencia, estas ventajas clínicas que redundan en el paciente se traducen en un ahorro de recursos económicos por parte del hospital. En este sentido, se deben contemplar los costes que no están directamente relacionados con el ingreso hospitalario como, por ejemplo, la disminución del gasto de compresas, de esfínteres artificiales, de prótesis de penes, de fármacos o de mallas, entre otros. A todo ello se le deben añadir parámetros como disminución del tiempo medio de estancia hospitalaria, un regreso más rápido a las actividades normales o una mejora de la calidad de vida de los pacientes. Cuando todos estos factores –evidenciados en tres estudios clínicos de referencia-, se engloban, llegamos a la conclusión de que la eficiencia de la robótica puede ser, en muchos casos, mejor que la de otras técnicas quirúrgicas
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