martes, 30 de octubre de 2018

PROLAPSO UTERINO DURANTE EL EMBARAZO


El prolapso uterino durante el embarazo es una patología muy poco frecuente. El término “prolapso” hace referencia al descenso de una parte o la totalidad de algún órgano pélvico a través de la vagina. Cuando hay un prolapso uterino, el cérvix (cuello del útero) desciende hacia el orificio vaginal o incluso puede asomar a través del mismo. Para que aparezca el prolapso de un órgano pélvico debe producirse un fallo en el tejido sobre el que descansan los órganos de la pelvis (suelo pélvico) o en el tejido conectivo (ligamentos) que mantiene a dichos órganos en su posición.

La aparición de un prolapso en el embarazo es más habitual en mujeres con antecedentes de problemas de suelo pélvico. Casi siempre en relación con un parto previo complicado, o en mujeres que han tenido múltiples embarazos. Otras veces aparece en pacientes con alteraciones congénitas del tejido conectivo, que tienen hiperlaxitud (exceso de elasticidad en sus tejidos). La obesidad y los cambios hormonales propios de la gestación (progesterona, relaxina) también favorecen el prolapso.

En todas las situaciones el tejido de sostén de las vísceras pélvicas está debilitado. Lo que favorece que el cuello del útero descienda, y en ocasiones protruya, al ser “empujado” por el útero grávido (el útero con el bebé en su interior).

El prolapso uterino durante el embarazo puede provocar molestias en el periné, habitualmente descritas como sensación de bulto o peso en la vagina. Esta puede ser la forma inicial de presentación, y no es raro que el prolapso debute después de realizar algún esfuerzo o tras una defecación dificultosa. También es habitual la aparición de lesiones cutáneas en la mucosa prolapsada. Puede ocasionar además infecciones de orina, episodios de retención urinaria o estreñimiento. El prolapso uterino dado que podría asociarse con partos prematuros, abortos y complicaciones infecciosas en la madre, debe realizarse una estrecha vigilancia en caso de presentarse.

El tratamiento del prolapso uterino durante el embarazo debe ser individualizado. Dependiendo de la edad gestacional, el grado de prolapso y otros factores materno-fetales. Las medidas conservadoras más importantes son una higiene minuciosa de la zona y la correcta hidratación de la mucosa prolapsada; reposo en cama cuando esté indicado; y el uso de dispositivos que ayuden a mantener el útero en su posición (pesarios) en determinados casos. En raras ocasiones es necesaria la cirugía.

En ocasiones el prolapso uterino persiste tras el parto. Esto se valora en la exploración ginecológica postparto. En caso de que persista, será necesario realizar un programa de rehabilitación. Con el objetivo de corregirlo en la medida de lo posible, y evitar que progrese y aparezcan complicaciones.

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