Aunque un 47% de las mujeres tuvo que ser sometida a una mastectomía radical (una extirpación completa del pecho), los análisis demuestran una tendencia al alza de la cirugía conservadora. Precisamente, entre las mujeres que llegaron al diagnóstico a través de un programa de cribado (mediante una mamografía periódica), la tasa de conservación del pecho se eleva hasta el 66%; probablemente porque esta prueba permite detectar el tumor en fases muy iniciales, cuando aún no es palpable para la propia mujer.
La conservación del pecho no es una cuestión baladí, no sólo por estética, sino porque permite un mejor pronóstico y una recuperación más rápida, con menos secuelas en la calidad de vida de las afectadas. A esta mejor calidad de vida también ha contribuido la extensión de la técnica del ganglio centinela; una técnica que permite ver si los nódulos de la axila están afectadas sin necesidad de quitarlos y de la que se beneficiaron el 72% de mujeres diagnosticadas. El 40% de las pacientes tenía una edad comprendida entre los 41 y los 50 años cifra que por sí sola justifica el screening mamográfico a partir de los 40 años.
El 34,5% asegura que busca más información sobre la enfermedad por su cuenta; mayoritariamente a través de internet (y con más frecuencia en el grupo de edad de 18 a 50 años). Las afectadas demandan más información en el terreno psicológico; el 50% asegura que no recibió asistencia psicológica, pese a que casi el 30% reconoce que le hubiese gustado. Los efectos secundarios de las terapias y comunicar la noticia a la familia e hijos son consideradas las dos experiencias más duras de todo el proceso.
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