jueves, 3 de diciembre de 2015

CESAREAS INNECESAREAS.

En su declaración de abril de 2015, la Organización Mundial de la Salud reconoce que la inexistencia de un sistema de clasificación internacionalmente aceptado impide hacer comparaciones entre poblaciones para evaluar de manera objetiva y fiable el número de cesáreas. Por eso, propone que se utilice un sistema creado en 2001 por el doctor Michael Robson y que estratifica a las mujeres que van a dar a luz en 10 grupos en función de una serie de criterios: si han tenido o no partos (o cesáreas) previos, si el inicio del parto es espontáneo o inducido (por ejemplo, porque no progresa la dilatación), las semanas de gestación, la presentación del feto (si la cabeza está en el canal de salida o el bebé está de nalgas) y si se trata de embarazos múltiples o con un solo feto.

Tres de esos grupos de mujeres son los que más influyen en la tasa de cesáreas. El primero de ellos es el de mujeres con un primer embarazo a término (en las semanas 37-38 de gestación), con el feto en presentación cefálica (con la cabeza hacia la salida), y cuyo parto va a ser inducido (porque la mujer no dilata o existe riesgo del bienestar fetal, por ejemplo). Esos casos representan el 25% de las cesáreas intraparto (seis veces más que en 1974).

El segundo escenario es el de aquellas madres que han tenido una cesárea previa, que las penaliza para volver a ser intervenidas. Por eso es crítico intentar un parto vaginal en un primer embarazo. Ellas representan otro 30%.

El tercer grupo según la clasificación de Robson en el que más han aumentado las cesáreas es el de los llamados partos de nalgas, en los que el niño está en posición inversa, con los pies hacia el canal de salida del parto. En el año 2000 se publicó un trabajo en el que se consideraba intolerable que se hiciesen partos de nalgas hoy en día por los riesgos que suponían. Por eso, desde entonces, se promueven maniobras para tratar de colocar al feto en posición cefálica y eso ha supuesto que los partos de nalgas hayan dejado de atenderse prácticamente en las maternidades españolas.

Incluso aunque temamos que puede terminar en una cesárea, iniciar los trabajos del parto tiene varias ventajas. Las contracciones favorecen la maduración pulmonar del feto, se reduce el riesgo de hemorragias para la madre y la subida de la leche se produce antes. Además, como cualquier cirugía, la cesárea no está exenta de riesgo. A los riesgos inherentes de cualquier intervención quirúrgica, se suma el riesgo de hemorragias (y posterior anemia), desgarros uterinos y problemas con la placenta que puede llegar a penetrar en la pared del útero o complicar futuros embarazos.

Pero los riesgos no son exclusivos para la madre. Como recuerda el segundo de los estudios publicados en JAMA, en comparación con los niños nacidos por vía vaginal, los niños que llegan al mundo a través de la incisión de la cesárea tienen más riesgo de sufrir asma, de necesitar inhaladores antes de los cinco años e incluso un ligero riesgo de mortalidad aumentado. Y aunque los investigadores -que analizaron 320.000 nacimientos en Escocia entre 1993 y 2007- admiten que el riesgo a nivel individual es muy reducido, sí insisten en que ginecólogos y madres deben conocerlos.

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