miércoles, 23 de septiembre de 2015

LOS PREJUICIOS PERJUDICAN LA SALUD DE LA MUJER. UN ESTUDIO DE LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE


¿Qué razón puede haber para que la demora en el tratamiento de la tuberculosis sea de 25 días en hombres y de 42 días en las mujeres en la Comunidad de Madrid? ¿Qué explica que la tasa de letalidad hospitalaria por infarto sea significativamente mayor en las mujeres?

Los estudios realizados por el Grupo de Investigación de Salud Pública de la Universidad de Alicante demuestran que “ante un mismo problema o necesidad de salud en ambos sexos, hay un menor esfuerzo diagnóstico y terapéutico en el caso de que quien padezca sea mujer”.

La coyuntura económica no favorece la adopción de medidas que acerquen a España a los modelos nórdicos en los cuales, por ejemplo, una mejor atención pública al cuidado de niños y mayores evita que ese peso recaiga mayoritariamente sobre las mujeres perjudicando a la larga su salud. Sin embargo, cree que “no se trata sólo de una cuestión de falta de recursos, sino de voluntad a la hora de priorizar a qué los dedicamos”. En los países del sur de Europa, “la probabilidad de las mujeres de tener mala salud es un 27% mayor que la de los hombres, por un 13% en los países del centro y un 8% en los países del Este”. En los nórdicos, apenas existe diferencia. Más servicios públicos para la infancia y los mayores, la igualdad de sueldos y de condiciones laborales y la mayor presencia de mujeres en los lugares de toma de decisiones, se apuntan como soluciones.

Pero si el reparto de recursos resulta clave, no lo es menos, a juicio de la profesora Ruiz Cantero, “el cambio cultural que elimine los prejuicios de género”. El sesgo de género aplicado a la Sanidad comenzó a tenerse en cuenta, explica, “en Estados Unidos en los años noventa”, sobre todo a raíz de un estudio realizado en los hospitales de Harvard y de New Haven entre 60.000 pacientes ingresados por síndrome coronario agudo, que demostró una mayor tendencia a realizar coronariografías a los hombres que a las mujeres. La explicación: “los estándares clínicos se crearon a partir de la pato-fisiología de los hombres; como las mujeres no muestran los mismos síntomas, es más fácil que se les diagnostique erróneamente”. Lo peor es que, “pese a que ahora tenemos el conocimiento científico para saber esto”, los datos de distintas sociedades de cardiología demuestran que, dos décadas después, “el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades cardíacas siguen estando sesgados”.

Y el sesgo de género no afecta solamente a la diagnosis, sino incluso a los dispositivos de seguridad que reducen el riesgo en caso de accidente, como es el caso de los cinturones de seguridad, cuyo diseño no se adapta a las circunstancias de las mujeres embarazadas, o a los hábitos cotidianos, con sistemas de transporte urbanos que no tienen en cuenta las diferencias de movilidad entre hombres y mujeres. En el aire queda la pregunta que se hace la profesora Ruiz Cantero: “¿Qué hace que algunas políticas aparezcan como impensables y otras como indispensables?”

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