Esta infección se observa con más frecuencia y de forma más severa en niños que padecen dermatitis atópica o en adultos con algún tipo de alteración inmunológica (por fármacos, diabetes, VIH, etc.). En los meses de verano, observamos esta infección con más frecuencia, sobre todo en los niños, debido al uso de piscinas y el contacto directo con zonas de piel afectada, al ir menos cubiertos con ropa.
En adultos, se han descrito varios mecanismos de transmisión, como el contacto piel con piel, transmisión sexual, etc. Además del contacto directo, también se ha descrito su transmisión mediante el uso de esponjas, equipamiento en gimnasios o toallas.
La infección tiene un curso autolimitado, aunque puede observarse una recidiva hasta en el 35% de los pacientes tras el aclaramiento total de las lesiones. No es necesario en los niños dejar de ir al colegio debido a esta infección, pero para prevenir el contagio de otros niños, las zonas afectadas deberían ir cubiertas por ropa. En el caso de los adultos, el uso del preservativo, no evita la transmisión del virus, ya que muchas veces no cubre las áreas afectadas.
Existen múltiples tratamientos: extirpación mediante técnicas físicas (curetaje, crioterapia;...), ácidos tópicos, cantaridina, hidróxido potásico,... Cada caso debe ser evaluado, según la edad, extensión e historia clínica de cada paciente para determinar la opción más adecuada en cada caso.
Los moluscos contagiosos son una infección vírica que se observa con frecuencia en las consultas de dermatología, llegando a suponer un 1% de los casos que observamos a lo largo del año. Causa lesiones características, únicas o múltiples, redondeadas, con forma de cúpula y de color rosado que varían entre 2-5 mm.
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